jueves, 10 de enero de 2008

Odium odii (dativo y ablativo, odio; plural odia) es la palabra latina de la que hemos obtenido nuestro término odio. Es una palabra muy antigua, de cuyo origen no tenemos noticia. Ni siquiera tiene un campo léxico que nos permita situarla en un entorno. Odium est ira inveterata, el odio es ira inveterada, dice Cicerón. Probablemente la diferencia sustancial entre odio e ira, es que esta última puede darse sin persona contra la que dirigirla, y sin la obsesión por destruirla; en cambio el odio necesita una persona o una colectividad a la que destruir. Sin embargo no le debe faltar razón a Cicerón en lo de la antigüedad de la ira, puesto que el verbo odi, odisse, osus sum (odiar) del que se obtiene el sustantivo odium, es defectivo: carece de presente y por tanto ha de emplear el perfecto para suplir esta falta. De ahí podría deducirse que para los romanos el odio bien pudo ser el resultado presente de algo que se había producido en el pasado. Si examinamos el respectivo término griego misoV (odio), que hemos tomado para formar con él compuestos, tiene iguales características y significado y que el latino, y tanto el nombre como el verbo (misew / miséo) se emplean en idénticos contextos, que van del odio intenso y del aborrecimiento, al simple disgusto, cuando se usa para cosas y no para personas.

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